TRASTORNOS DE PERSONALIDAD

Toda personalidad es única en su estructura y dinámica, por eso es tan difícil agrupar sus trastornos. Actualmente, la división de los trastornos de personalidad más utilizada es la clasificación dimensional.

Los rasgos patológicos han de aparecer de forma precoz (deben manifestarse en la adolescencia o antes, aunque hay casos en los que permanecen latentes por circunstancias de la vida), permanentes (persisten durante toda la vida, aunque se vuelven menos patentes en la mediana edad y la vejez), generalizados (se manifiestan en una gran variedad de contextos), con incapacidad de adaptación (carencia de flexibilidad para amoldarse a circunstancias de la vida familiar, laboral y/o social) y sufrimiento (propio y/o para el entorno cercano).

A continuación, definiremos de forma resumida las principales características de cada trastorno:

  • T. personalidad paranoide: se caracteriza por una suspicacia excesiva (supone que los demás traman acciones contra él), hipersensibilidad vanidosa (se ofenden muy fácilmente) e hipervigilancia (para atender las señales de posibles ataques de los demás).
  • T. personalidad esquizoide: muestra asociabilidad (escaso/nulo interés en los contactos con los demás: no acude a acontecimientos que lleven consigo interacciones grupales,  es raro que tenga algún amigo y la apetencia sexual es mínima) y apatía (rara vez experimenta sentimientos y emociones).
  • T. personalidad esquizotípica: se trata de un individuo excéntrico: creencias y pensamientos mágicos (fe muy acérrima sobre supersticiones, clarividencia, telepatía…), alteraciones perceptivas (sentir la presencia de una fuerza/persona, escuchar voces, etc.), lenguaje singular, comportamiento extravagante (viste de forma inadecuada, no mantiene contacto ocular, etc.)
  • T. personalidad antisocial: su rasgo más definitorio es el de conflictividad con las normas sociales. Empiezan a aparecer los primeros síntomas a una edad temprana (mentiras, pequeños robos, crueldad con animales…) y continúan durante la adolescencia: imperturbabilidad (sin muestras de tensión, preocupación o miedo)  carencia de empatía y agradecimiento a los demás, tendencia a la falsedad, incompetencia para aprender de los propios fracasos, etc.
  • T. personalidad límite: es un sujeto muy sensible a la pérdida de una importante relación interpersonal. Se caracteriza por: relaciones interpersonales intensas e inestables (propensión a cambiar súbita y drásticamente de actitud hacia las personas), alteración de la identidad, autoagresividad y comportamiento autodestructivo, alteraciones de la afectividad (suele tener un sentimiento permanente de vacío interior) e impulsividad.
  • T. personalidad histriónica: deseo permanente de acaparar la atención de los demás, necesidad de aprobación y alabanza, exhibicionismo, mitomanía (contar hechos que realmente no han ocurrido), tendencia a causar lástima en los demás, preocupación por la imagen que dan a los demás, propensión a la manipulación, fácilmente influenciables (en cuestión de gustos, opiniones…) y la expresión emotiva fluctúa en períodos de tiempo cortos.
  • T. personalidad narcisista: su manifestación clínica es la vanidad exagerada, expectativas de trato especial y admiración por los demás, recurrir a la fantasía, relaciones interpersonales muy interesadas y envidia.
  • T. personalidad dependiente: individuo que busca actitudes protectoras de los demás hacia él, delega las responsabilidades en los otros, marcado por una disminución en la espontaneidad (dificultad para iniciar proyectos y ser autónomo), inclinación exagerada por satisfacer las necesidades de otras personas (estar de acuerdo con opiniones contrarías a las suyas, no mostrar enfado, etc.), tendencia a empequeñecerse e intranquilidad por la posibilidad de perder relaciones.
  • T. personalidad evitativa: miedo al desprecio, excesivo deseo de aceptación por los demás e hipervigilancia (alerta ante posibles señales de rechazo).
  • T. personalidad obsesivo-compulsivo: hay que diferenciar el conocido trastorno obsesivo compulsivo con el trastorno de personalidad.

El trastorno obsesivo compulsivo se caracteriza por la presencia de obsesiones (pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes que se sienten como intrusos e inapropiados) y compulsiones (comportamientos de carácter repetido que el individuo se ve obligado a realizar por una obsesión).  Por ejemplo: Obsesión -> Este lugar está contaminado, está lleno de gérmenes y bacterias, voy a enfermar…  Compulsión -> el sujeto acude al baño y se lava las manos varias veces con un jabón desinfectante.

El trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo está compuesto por perfeccionismo  (preocupación por el orden, limpieza, puntualidad y detalles minuciosos), alta moralidad (acciones triviales se convierten en asuntos de gran transcendencia ética y, además, tienen la pretensión de que los demás también deben conducirse según esos rígidos postulados morales), duda e indecisión, obstinación (puntos de vista muy rígidos), intimidad hermética (exagerada precaución para ocultar el mundo privado) y “adicción” al trabajo (de hecho, al terminar la jornada laboral, es muy habitual que ronden pensamientos sobre el desempeño, repaso de las tareas realizadas, etc.).

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